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  LA ÚLTIMA TRAGEDIA
 
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LA ÚLTIMA TRAGEDIA

Guillermo Castellanos, de 40 años, falleció a raíz de un fuerte accidente provocado en la sexta vuelta, cuando su Chevrolet impactó contra el auto de Pedro Dandlen. Bessone participó del choque, pero no le pasó nada. La carrera igualmente se completó y Matías Rossi fue el ganador.





La compungida voz del relator oficial del circuito cortó de pronto el bullicio de esos fanáticos chivos que deliraban por el primer triunfo de Matías Rossi y el tercero de la marca sobre cinco fechas. El anuncio oficial de la muerte de Guillermo Castellanos, paradójicamente otro defensor de Chevrolet, abrió las puertas a ese silencio con fondo de murmullo. Esa inconfundible y particular sensación que en los templos del ruido como son los autódromos, llega con la muerte. Esa muerte que en las carreras está ahi, siempre al acecho, y a veces aparece de golpe y sin pedir permiso, como apareció ayer en la 6ª vuelta de la final del TC en Comodoro Rivadavia.

Esa muerte se abalanzó esta vez sobre Guillermo Castellanos. Fue en la Curva del Mar, una de las más exigentes de este circuito de Comodoro Rivadavia, el mismo donde el infortunado Castellanos había debutado un año atrás en el TC. Allí llegaron apareados el Dodge de Pedro Dandlen y el Chevrolet de Sergio Alaux. "Dandlen se movió e hizo un trompo", dijo Alaux en boxes. "Alaux lo rozó y lo desacomodó", dijo por su lado la gente de Dandlen. Lo cierto fue que el Dodge quedó en sentido inverso a la carrera, pero no por mucho tiempo porque fue embestido por el Chevrolet de Laureano Campanera, quien contó que "Dandlen salió despedido y lo enganché de adelante". El nuevo impacto lo acomodó y ahí entró en escena el Chevrolet de Castellanos, que lo encontró en tercera marcha y a unos 160 Km/h. Un accidente propio de las carreras y uno de los más temidos. "Intentó pero no lo pudo esquivar y le pegamos muy fuerte en la parte trasera", relató Carlos Silvestre, acompañante de Castellanos y milagrosamente ileso, sobre el desesperado y último esfuerzo de su piloto por zafar del choque. No fue la mejor manera de debutar como acompañante. Castellanos evitó el golpe frontal pero no el de la parte trasera de su Chevrolet contra la cola del Dodge. "Vi un desparramo entre varios autos y me tiré a la tierra", contó Ernesto Bessone, también involucrado en el incidente pero sin problemas, igual que Campanera, Alaux y Daniel Ponzi, acompañante de Dandlen.

La aparición del fuego alarmó. La bandera roja que detuvo la final en la vuelta 8 confirmó que la cosa era seria, algo que en el lugar de los hechos se percibió al no ver bajar de sus autos a los pilotos. Otra imagen que el accidente iba cobrando forma de drama la dio el desesperado accionar de Rodolfo Balinotti, responsable médico de la ACTC, tratando de extraer a Castellanos de un auto cuyas llamas intentaban sofocar los bomberos. "No puedo decir nada", comentó Balinotti y frente a su conocida locuacidad fue otra señal para preocuparse. En tanto, Dandlen era retirado de su auto y en camilla, derivado a la Clínica del Valle con fractura de la rótula de la pierna derecha y traumatismos en el brazo izquierdo.

El rescate de Castellanos fue más dramático. Hubo que cortar el techo del auto. Quienes lo vieron inconsciente en el habitáculo con sangre en la boca y el cuello hinchado intuyeron que ya no había nada que hacer por su vida. El traslado al Hospital Regional coincidió con el silencio oficial que sólo filtró la infidencia de un estado "más que complicado por una fractura de cráneo", mientras comenzaban los preparativos para reanudar la carrera. Ya por entonces todos imaginaban lo peor y que el reconocimiento oficial llegaría con la carrera cumplida. Un cruel estilo impuesto a partir de la muerte de Ayrton Senna en Imola por la necesidad de cumplir a toda costa con los compromisos económicos y publicitarios, evitando las complicaciones judiciales que ocasionaría el reconocimiento de una muerte en el lugar del accidente.

Dicho y hecho, incluso con más celeridad de lo imaginado. Porque Rossi apenas había bajado ganador de su Chevrolet cuando ya estaba impreso el comunicado oficial de la ACTC anunciando el fallecimiento de Castellanos, por "los múltiples traumatismos", pero sin precisar el lugar. El respeto por su vida merecía al menos guardar un poquito mejor las formas.

Miguel Angel Sebastian


PERFIL DE ALGUIEN QUE DABA GUSTO AYUDAR

"Me gusta ir al frente, siempre al límite, y llevar el auto en el aire. Me encantan los circuitos rápidos, pero exigentes", comentó Guillermo Castellanos a la revista oficial TC Magazine tras su debut del año último en el Turismo Carretera.

Nacido en Nueve de Julio el 3 de julio de 1966, Castellanos entró en la puerta grande del automovilismo nacional tras su paso por el karting -fue campeón argentino y zonal-y la Fórmula Renault. Ilusionado con llegar algún día a rozarse con los grandes ídolos nacionales, se presentó en el taller del prestigioso preparador Alberto Canapino. Su personalidad, de muy buenos modales, educado y de bajo perfil, le cayó muy bien al chapista, que le dio una mano.

"Daba gusto ayudarlo. Porque se veía que detrás de él había una familia, un grupo de amigos. Era como una especie de peña, a la vieja usanza del TC. Los mecánicos, por ejemplo, cuando se rompía el motor, se ponían tristes por el problema, pero contentos porque trabajaban toda la noche en función del auto", comentó muy emocionado Pedro Viglietti, uno de los colaboradores más estrechos de Canapino.

Una estrecha relación mantuvo Castellanos con el legendario motorista José Miguel Herceg, con quien trabajó desde la época del karting. "Daniel Cingolani y Guillermo Yoyo Maldonado me dieron una mano grande en los comienzos; Dany, con el apoyo publicitario, y Yoyo poniendo a nuestra disposición todo su taller. Cuando comenzamos con el TC Pista alquilábamos, y como andaba medio justo de presupuesto, vendí mi auto particular para asegurarme la continuidad", fueron las palabras de orgullo y de esperanza en medio de tanta actividad que mantenía con suma ansiedad dentro del Turismo Carretera. Su estilo de manejo era "aguerrido, agresivo", según sus propias palabras en aquella nota de la revista.

Varios de los pilotos que estaban consternados en los boxes lo recordaban así, como también sumamente apasionado para cristalizar la puesta del auto en la pista. "Voy a seguir con mi estilo vehemente. En Nueve de Julio nos volvieron locos. El teléfono no paraba de sonar, se acercaron los medios locales y un montón de gente vino al taller a saludar. Al final terminamos festejando con un asado para cincuenta personas", se emocionó tras su debut.

Ayer, el destino marcó otra realidad. Seguramente Nueve de Julio volvió a conmocionarse por la carrera, pero esta vez el dolor invadió el sentimiento de una ciudad que se enorgulleció por su ascenso. 

LO CURIOSO:
Dejó su vida en el mismo lugar en el que debutó
Comodoro Rivadavia estaba marcado en el destino de Castellanos. Aquí debutó en el Turismo Carretera, el 19 de febrero de 2006. Ese día logró su mejor resultado en la final, con un 11er. puesto. En 2006, en La Plata, el viernes se había quedado con la pole position provisional.
 
Roberto Berazategui


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