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  el dia que el gurí salió campeon de tc

EL DIA QUE EL GURÍ MARTINEZ VIVIÓ SU DOMINGO DE GLORIA

Su ubicación en la carrera que ganó Fontana le dio los 13 puntos que precisaba para consagrarse. Tuvo dificultades con su motor, pero se sobrepuso a todo y festejó. 
 

PURA ESPUMA. OMAR MARTINEZ CELEBRA EN EL PODIO. FORD VUELVE A SER CAMPEON DESPUES DE 5 AÑOS. (Foto: Mario Quinteros) NO MAS SEGUNDO. TODOS SE ACERCAN AL FORD. AL FIN SE LE DIO AL GURI. (Foto: Mario Quinteros)

Fue el domingo de gloria tan largamente esperado por Omar Martínez en el TC. Así lo tenía escrito ese destino que se burló de códigos del TC con definiciones prolongadas hasta el final, que no le hizo caso a la prudencia mostrada por el Gurí en sus expectativas y que también desairó aquel lejano pronóstico de Oscar Aventín en el arranque de Mar de Ajó anticipando un final mas reñido que el año pasado.

Fue el domingo de gloria que el destino quiso para quien más lo merecía. Así lo reconocían todos, mientras el flamante campeón repetía una y otra vez las penurias vividas cuando a las pocas vueltas y tras acomodarse detrás de Fontana y dejar prudente paso al veloz Verna, la temperatura de su Falcon trepó a 140 grados (lo normal es 90) por unos papelitos que se estamparon en el radiador. Paradójicamente eran los que habían tirado sus fanáticos en la vuelta previa como anticipado festejo, viendo que entre las complicaciones de Silva, las limitaciones del Chevrolet de Ortelli y el retraso de Bessone, el título estaba más cerca de lo pensado.

"Por un momento pensé que se terminaba todo, porque en Rafaela me pasó algo parecido y di una vuelta antes de romper el motor. Cuando ya me veía yendo a boxes en cinco cilindros, al levantar y modular el acelerador, agarró de vuelta y pude seguir. Creo que aguanté porque Dios quiso..", contaba el Gurí, luchando contra las lágrimas y guardando para su intimidad el destino de sus reiteradas persignaciones buscando fuerzas cuando todo parecía derrumbarse. Tal vez estuvieron dirigidas al más allá, donde su madre Haydee, la Doña como le gusta decirle, lo sigue empujando desde su partida el 8 de julio, como lo hacía en vida, amasando empanadas y tortas para que Omar pudiera correr.

"Era para mí...", remataba el Gurí al reiterado relato de esas peripecias que tuvieron su descarga cuando, avisado por radio de que era campeón, disparó su contenida tensión golpeando el volante, y luego de esquivar fanáticos lindantes a lo suicidas que se cruzaron y hasta treparon a su Falcon, subiéndosele al techo para un emocionado festejo.

Fue cierto. Era el día del Gurí, porque en medio de tanta euforia uno de sus asistentes reconocía: "El motor terminó cocinado y difícilmente hubiera aguantado más de una vuelta más...". Sin esos 13 puntos por el tercer lugar, Martínez hubiese quedado adelante pero con 13,50 puntos de ventaja con 26 en juego en Río Gallegos, el campeonato estaría abierto. Ortelli no hubiese lamentado tanto no haber superado al veloz Moriatis, algo que lo dejó sin el punto que necesitaba para prolongar su ilusión. Silva no hubiera sentido tanto su error en la serie que derivó en el trompo que lo mandó al repechaje como escala previa a su abandono. Verna le hubiera dado más valor al 2º puesto y Bessone habría digerido más el retraso por un trompo. Pero no. Estaba escrito que era el día del Gurí.

"Un título sin comparación"
Ya no tendrá que hacerse cargo Omar Martínez de ese injusto lastre de "eterno 2º" que muchos le colocaron por sus 4 subcampeonatos consecutivos entre 1999 y el 2002. En su carrera número 159 de una campaña con absoluta fidelidad a Ford iniciada el 11 de septiembre del 94, compartiendo un Falcon con José María Romero en esas Dos Horas de Buenos Aires, donde también debutó y ganó Guillermo Ortelli, su gran rival, el Gurí, alcanzó ese título de TC que tanto persiguió.

"Sin desmerecer los otros títulos de mi campaña, este de TC no tiene comparación y no sólo por todo lo que lo esperé, sino por la forma en que te lo hace sentir la gente, con su pasión y entusiasmo", destacó a punto de recibir el efusivo abrazo de su esposa Patricia, ante la tierna mirada de sus hijos Paula y Agustín, que más que nunca esta vez lo acompañaron en el festejo del podio. Un matiz que destaca el valor que le da a su familia este entrerriano, nacido el 1º de enero de 1966 en Rosario del Tala, fervoroso cultor de un perfil bajo debajo del auto, pero astuto y dueño al volante de un talento, garra y fuerza que lo colocan entre los pilotos más veloces y completos de Argentina.

"Siempre busqué el titulo de la misma manera. La diferencia es que ahora se me dieron las cosas", contó el Gurí sobre un estilo que no modificó pese a los contratiempos. Enseguida aclaró a los que dicen que perdió 4 campeonatos que "la única vez que se me escapó fue en 2001 en Río Gallegos, pero porque sorpresivamente el auto dejó de funcionar entre la serie y la final. En los otros campeonatos las chances fueron más lejanas."

—¿Hubieses soportado perder otro campeonato ?

—Si soporté perder aquel de Río Gallegos, cuando llegué con 14 puntos de ventaja y me lo ganaron, puedo bancarme cualquier cosa. Esa vez me amargué tanto que me dieron ganas de irme a una isla. Ahora volveré a correr en Río Gallegos, pero para disfrutar y con la tranquilidad de tener el título...". La vida suele darle revanchas a quienes como el Gurí no bajan los brazos.

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